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SIEMPRE MIRAMOS AL RIO, PENSANDO EN LA OTRA RIVERA

Que semana rara, hoy que lo pienso y termino de dar forma a todo esto que escribí, me digo “guau, sobreviviste!”

Y quizá vos pienses, para tanto?, y si, para tanto, porque fue una semana muy movilizadora, llena de encuentros que quería evitar, pero me obligue a tenerlos, llena de decisiones que iban completamente en contra de lo que siento y por sobre todo llenas de frustraciones, que claramente son solo mambos míos, pero ahí estaban y es complicado entre tanta bruma poder ver un ápice de luz.

Esta congoja que me persiguió hasta hace unos días, comenzó hace un par de semanas,  me encontraba en las disyuntiva de si seguir a mi corazón o tomar una decisión pragmática y cuidarlo, aunque ello requiera no hacerle caso

la medicina era fea, pero el paciente la necesitaba

Me encontré envuelto en una trama que no me hacia bien y no veía la manera de decir basta, porque claramente no podía decirlo, pero se que es lo que debo hacer, pero después de un encuentro digamos “fortuito”, muy a mi pesar me di cuenta de que hay ciertos lugares donde es menester huir, no porque sean malos, sino porque las cosas no corren en la misma sintonía que uno.

Todo este desfasaje me saco muy de eje, sentía mucha culpa por no haber llegado a mas y esa culpa siempre se transforma en dudas sobre uno mismo, pero gracias al universo, puse un freno a toda esa locura y me dije que debía estar orgulloso de todo, porque todo lo que di fue siempre desde el corazón y sin ánimos de ser engreído, eso es mucho mas que lo que puede decir mucha gente.

Entender eso me abrió muchas puertas, una de ellas fue volver a practicar yoga, que de nuevo gracias al universo di con una profesora amorosa que vio en mi la desesperación por volver a encontrarme y me dio un espacio a pesar de estar llena.

Esa practica fue extremadamente dura, casi apenas comenzamos los ejercicios de respiración rompí en llanto mientras intentaba esconderme del resto para que no me vean así (que cosa estas que uno carga sin pedir y que tenemos que erradicar).

Salí de la práctica totalmente destruido, pero con una gran idea de cómo podría partir desde ahí. Me percate de que había abandonado mi esencia, me la pasaba trabajando de sol a sol y si bien es algo que disfruto mucho, no estaba dándole lugar al verdadero yo que es el que sale a la naturaleza.

Necesitaba salir a lo natural y tenia varias propuestas, pero salir siempre a los mismos lugares me aburre, no importa cuan lindo sea, pero en cada salida yo busco encontrar esa parte de mi que había perdido, me gusta sorprenderme como un niño, vivir lleno de ilusión, me gusta lo desconocido, me gusta no tener el control de la situación y arrojarme a las infinitas posibilidades que tiene la vida para mi.

En medio de esta vorágine había visto dos lugares para ir, uno que intuía que había  pinturas rupestres y otro que creo que también había, pero había que adentrarse mas y era una travesía mucho mas dura.

Por supuesto elegí la segunda opción, pero esta tenia un problema, había que llenar el tanque de nafta y digamos que tenia lo justo para llenarlo y me quedaba seco, lo medite un poco y pensé, “si no gasto en mi, estoy perdiendo plata”.

El viaje medio que se pincho, porque había pedido prestado un drone y me habían dicho que si, pero unas horas antes de ir a buscarlo me dice que no, lo cual es muy entendible, pero si me hizo mal porque yo ya había pensado en las tomas que iba a hacer, desde donde y como, hasta como iban a quedar los colores, pero bueno, no deje que eso me desanime y me embarque igual.

Me levanté temprano, cargue combustible, retire el voucher de café y medialuna y salí rumbo a mi destino.

Pude recordar recorrer ese camino hace unos 6 o 7 años, en unas condiciones totalmente devastadas, donde cada metro avanzado era pensar, cada vez estoy más lejos de volver. Pero esta vez el camino estaba en “buenas” condiciones y pude disfrutar del viaje.

Llegue donde comenzaba mi ruta, arme la bici y salí sin medir mucho nada, me interne por una huella que poco a poco fue disipándose dejándome en medio del campo, así que ahí decidí ir por donde mas me pareciera conveniente y dejarme llevar por el azar o quizá no era el azar sino que el universo tenia otro plan para mi.

Pasaron los kilómetros y muy de a poco empecé a internarme en manchones de bosques de lenga que eran la antesala para la pre cordillera, con colores rojo fuego y amarillos hermosos, pastizales hasta la rodilla dorados, todo era una escena de sueño.

El camino era algo rudo, sin senda, por medio de bosques con ramas en el piso, pero entre todo ese caos cada tanto lograba encontrar un claro en y fue en uno puntual que decidí para a comer.

Pero no es que me haya dado hambre, sino que vi pasar dos pumas de un hermoso porte, yo estaba saliendo justo a un claro, que recuerdo que saque la foto y dije, todo esto es color puma y me reí.

Les perdí el rastro, se metieron entre los arboles y los perdí de vista, así que dije, bueno me quedo comiendo acá y los salgo a buscar, porque quería sacarles fotos, son animales muy hermosos.

En ese momento me di cuenta de que no había cargado lo mas importante, el mate, el café y la comida, en el apuro de salir rápido se ve que deje todo en la camioneta. Solo tenia conmigo, un jugo de naranja chiquito, un sobre de 102 plus (el complejo vitamínico) la Jet boíl y nada mas, a lo que dije bueno, tomare un te de 102 plus.

Me puse a caminar por el lugar buscando los pumas pero no hubo suerte, no podía verlos y la verdad que tampoco me animaba mucho estar en un claro con pastizales hasta la rodilla todos de color puma, así que tome un par de fotos y seguí viaje, porque supuse que ellos no querían mostrarse y les incomodaba mi presencia.

Continúe algunos kilómetros mas metiéndome entre cada vez mas bosques, los claros ya no eran tan frecuentes, hasta que di con uno que me sorprendió, no por el claro en si, sino porque de un momento a otro estaba en otro lado de la margen del rio, entonces pensé como era esto posible, y resulta que el rio daba una vuelta rarísima y yo quede en medio de ella.

El lugar era un paraíso, quede maravillado, es literal,  “el lugar” para pasar una noche, es perfecto, lo tiene todo, así que plante base ahí, saque todo y me puse a hacer unas tomas con la cámara, fui de aquí para allí, probaba diferentes tomas, hasta incluso hice toda una sesión de fotos mías, que no quedaron como esperaba cabe aclarar.

Empecé a alejarme de donde estaba la bici y me fui por el margen del rio, buscando algo que me llame la atención y fue que baje hasta la orilla y frente a mi había un ancho rio como un espejo y del otro lado de la rivera un árbol rojo y amarillo, perfecto, una postal.

En ese momento mis piernas se vencieron y caí sentado, no opuse mucha resistencia cabe decir, pero pude entender que había algo mas que me estaba diciendo algo, así que me quede expectante, deje la cámara, deje todo y me quede sentado allí, en silencio, con una catarata de pensamientos y sentimientos que inevitablemente desemboco en un llanto desconsolado, pero no era un llanto triste, no estaba ahí para llorar por lo que no fue, sino que al contrario, estaba celebrando la vida, estar ahí, inmerso dentro mío y poder decir que muy bien todo lo que hiciste, que se puede hacer mejor, pero que bien que llevaste todo, eso es algo que no me digo muy a menudo y de verdad tengo que estar re mil orgulloso de como llevo las cosas, porque cada eventualidad que se me ha presentado siempre las he usado para construir algo mejor ya sea en mi o donde yo este, porque creo que de eso se trata.

Seguí un tiempo mas, pensando en todo lo que había experimentado y me levante, con unas energías totalmente renovadas, volví donde deje todas las cosas, baile, cante y arme campamento y me fui.

Volví sin cámaras, la vuelta era mas intima, ya no quería parar a sacar las fotos, sino que disfrutaba de ver todo con ojos de niño, de asombrarse por todo, porque así es la naturaleza, siempre sorprende.

Tal fue mi despeje que cuando me quise dar cuenta estaba casi llegando a la senda inicial y de ahí ya agarraba la ruta para llegar hasta la camioneta.

Llegue a la camioneta con una extraña sensación, yo ya no era del todo yo, ese Hipólito que salió no es el mismo que volvió, en ese entonces una calma me abordo y no se despego de mi todo el viaje.

Llegue a Rio Gallegos y para mi sorpresa mi hermano del alma Agustín me dice si quiero ir a cenar a su casa, a lo que por supuesto dije que si, estaba extenuado, sin ganas de nada y encima me invitaban a comer, que mas puedo pedir?

Compartimos una hermosa cena y muy rica y me fui para casa a descansar.

Apenas volví a casa me puse a leer todos lo que escribí en el camino, baje las fotos y los videos, me puse a recapitular todo, como para darle un cierre.

Y la verdad que aprendí muchísimo esta salida, me hizo amigarme con un montón de cosas que estaba peleado, una de ellas el kayak, una actividad que me encanta, pero que por diferentes motivos hoy no es la principal ni siquiera parte del plan, pero caminar todo este rio me hizo ver que por ahí también puedo navegar y que lo voy a hacer, ya en lo pronto.

Pero me quede pensando en a quien invitaría y casi rotundamente la respuesta fue  “a nadie”.

Tengo varias muletillas, “ten cuidado con lo que deseas” es una y la otra es del libro Into The Wild que dice “happiness is only real when shared”

que quiere decir que la felicidad solo es real cuando es compartida y a decir verdad no suelo compartir estas experiencias con otras personas, siempre ando solo, no se si sea bueno o malo, es lo que es, pero quizá me cuesta mucho abrirme así a otras personas, porque yo soy muy expresivo y súper abierto con lo que siento, pero llevar a alguien a esos lugares, es mostrarles lo mas profundo de mis sentimientos, las sensaciones que me abrazan, ese vértigo que me da arrojarme a lo desconocido, sin dudarlo es exponerme al 100% y eso asusta mucho, pero también quisiera que alguien pueda ver lo que yo veo, porque creo que es la única manera de que entiendan por que estoy ahí.

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